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La planificación de las ciudades contemporáneas empieza desde el punto de vista de que el medioambiente alberga a la ciudad, en vez de lo contrario. Se trata tanto del desarrollo de espacios abiertos como de la revitalización de las áreas existentes en una ciudad, y conlleva el planteamiento de objetivos, la recolección y análisis de datos, previsiones, diseño, reflexión estratégica y consultas públicas.

Directrices para la silvicultura urbana y periurbana.

ISBN 978-92-5-309442-4

© FAO, 2017

Los bosques urbanos deberían ser una de las prioridades en las estrategias de planificación municipal, con el objetivo de maximizar los beneficios suministrados por los árboles y la infraestructura verde y, al mismo tiempo, reducir el coste de la infraestructura gris.

Los diferentes paisajes y espacios abiertos de una ciudad son bienes que fortalecen el sentido de lugar e identidad, mejoran la salud y el bienestar humano y proporcionan servicios ecosistémicos. Los planes de bosques urbanos deberían prever un marco de acciones tanto activas (lo que se puede hacer) como pasivas (lo que no está permitido), además de las normas que los regulan.

Los siguientes son pasos clave para integrar los bosques urbanos en los procesos de planificación municipal:

• Abordar la I.V. en los planes urbanísticos. Un plan urbanístico exhaustivo debería reflejar las políticas locales y ofrecer un marco para implementar las normas sobre el uso de la tierra (p.ej., zonificación y funciones) y debería abordar específicamente todos los aspectos de la infraestructura verde. Las instancias decisorias y los planificadores deberían asegurar que las áreas verdes reciban igual atención en el proceso de planificación urbanística, como elementos del entorno edificado y que se perciban como componentes clave de la infraestructura, suministrando a la ciudad los servicios ecosistémicos además de (en muchos casos) los beneficios socioeconómicos directos e indirectos. Los planes generales de la ciudad deberían asignar zonas para convertirlas en áreas verdes, especificar las funciones de dichas áreas y suministrar fondos para su desarrollo, mantenimiento y conservación. Se debería prestar atención al uso, siempre que sea posible, de la infraestructura verde en vez de la infraestructura gris, por medio de enfoques basados en la naturaleza para (por ejemplo) afrontar las escorrentías urbanas, el tratamiento de los residuos y el ahorro de energía, además de mejorar la salud humana.

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  • Fomentar el diálogo entre la I.V. y los demás componentes de la planificación. Siempre que sea posible, los planes urbanos deberían establecer vínculos significativos entre los bosques urbanos y otros aspectos del plan. Por ejemplo, los árboles de la calle se deberían tener en cuenta en el componente transporte; y los parques urbanos, en el componente desarrollo económico (p.ej., los parques urbanos a menudo albergan festivales artísticos y otros eventos culturales que atraen turistas y fortalecen las economías locales). La referencia cruzada de los elementos del uso de la tierra, en un plan urbanístico, puede contribuir a identificar riesgos tales como los enfrentados por los bosques urbanos durante el desarrollo planificado, y se debería especificar acciones para minimizarlos. Por ejemplo, la presencia de bosques con recursos forestales valiosos en un área puede requerir una revisión de las condiciones especificadas en los permisos de construcción. Se deberían aprovechar oportunidades para reunir al personal de los departamentos relevantes (p.ej., obras públicas, parques y planificación), además de otros actores como desarrolladores o ambientalistas en el proceso de planificación para, en colaboración, preparar planes estratégicos, sectoriales y operativos.
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  • Incluir listados de evaluación o directrices sobre la I.V. en las normas técnicas o legislativas de las estrategias de desarrollo de la ciudad. La incorporación de la SUP en la planificación y gestión urbana requiere un enfoque integrado que reconozca las múltiples escalas y dimensiones de los problemas y oportunidades del entorno urbano. Las ciudades son enormemente diferentes en cuanto a su contexto ambiental, tamaño poblacional, características físicas y ecológicas, además de desafíos y prioridades sociales y económicos y nivel de autonomía en la toma de decisiones. Un listado de indicadores, acciones y logros puede volver más fácil el debate, la evaluación y la incorporación de los servicios de los bosques urbanos en las estrategias de desarrollo de la ciudad. Los sistemas más exitosos para monitorear los planes forestales urbanos son aquellos que se pueden incorporar en las actividades estándar de mantenimiento.
river near city buildings under cloudy sky
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  • Plantearse un enfoque de gestión adaptativo para los recursos forestales urbanos. Hasta tiempos recientes, la planificación urbana se llevaba a cabo principalmente de manera descendente, generando la elaboración de documentos y normas rígidos. Como resultado, la aplicación de los planes requería continuas excepciones, producía retrasos en la implementación y provocaba conflictos. Un enfoque de gestión adaptativa que incluya monitoreo y evaluaciones sistemáticas garantizará que los planes urbanísticos respondan rápida y adecuadamente a las exigencias en continuo cambio de las comunidades urbanas.
  • Planificación del mantenimiento a largo plazo de los bosques urbanos. El tiempo es un aspecto fundamental para la planificación. Los planes urbanos en general abarcan varios años, pero los árboles (y los bosques) pueden vivir siglos. La integración de los bosques urbanos en la planificación de la ciudad requiere la adopción de una perspectiva a largo plazo sobre su gestión, mantenimiento y conservación.
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