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Directrices para la silvicultura urbana y periurbana.

ISBN 978-92-5-309442-4

© FAO, 2017

No existe una “solución universal” para los planes forestales urbanos ya que cada bosque urbano tiene un conjunto único de condiciones económicas, sociales y ambientales en constante cambio. En general, sin embargo, el desarrollo de planes de gestión forestal urbana sigue cinco pasos que se especifican a continuación.

  • Valoración de las áreas verdes existentes, árboles y bosques, servicios ecosistémicos, beneficios y necesidades, riesgos, presupuesto, capital natural y humano;
  • Inventario (completo, parcial o muestra) de los árboles existentes, recursos forestales, parques y áreas verdes.
  • Visión compartida; cartografía de partes interesadas; análisis de problemas/soluciones;
  • Definición del alcance y necesidades;
  • Establecimiento de logros esperados y clasificación de prioridades;
  • Definición y reparto de gestión y responsabilidades;• Identificación de fuentes para presupuesto y apoyo.
  • Definición de la escala, duración y tipo del plan de gestión;
  • Detalles del aval político y proceso de toma de decisiones;
  • Garantizar datos adecuados sobre la situación inicial, orientación profesional, tiempo, financiación y la colaboración de las múltiples partes interesadas;
  • Establecimiento de la organización en acciones de tiempo, espacio, capacidades y prioridades de gestión;
  • Definición del marco administrativo y jurídico;
  • Realización de un análisis coste-beneficio y evaluación del presupuesto;
  • Preparación de un marco de acciones y plan de trabajo general con calendario, actividades y responsabilidades oportunas, y personas o posiciones responsables; programar actividades de divulgación y educación pública, incluyendo la seguridad;
  • Consolidación del proceso de participación de la comunidad.
  • Preparación y seguimiento de los planes de trabajo detallados;
  • Acuerdos de aclaración y control cruzado sobre las responsabilidades respectivas;
  • Prueba y reajuste de los resultados de las ordenanzas, reglamentos y políticas sobre los árboles;
  • Puesta a disposición de los recursos financieros necesarios;
  • Contratación de profesionales para el cuidado de los árboles y planificación de programas de gestión comunitaria.
  • Formulación de programas de educación pública;
  • Preparación del sitio y del suelo; selección de procesos de regeneración; selección de especies; operaciones de plantación; viveros de árboles y forestales; y cuidado temprano de las plantaciones arbóreas.
  • Realización de acciones sobre el mantenimiento de los árboles, tratamientos silvícolas/arbóreos; (cuidado, raleo y poda) gestión de la sanidad de árboles y bosques, gestión de riesgos y remoción de los árboles y aprovechamiento forestal.
  • Activación de programas de monitoreo a mediano-largo plazo;
  • Monitoreo y evaluación del establecimiento, crecimiento, composición, sanidad y calidad de los bosques y los árboles, del suministro de servicios ecosistémicos, técnicos.
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Photo by Taryn Elliott on Pexels.com

Evaluación de los recursos.

El primer paso en la preparación de un plan forestal urbano es la evaluación de los recursos, incluyendo su historia, condición y aspectos existentes. La índole y el alcance de los datos cambia en dependencia de los objetivos de la gestión (p.ej., producción, protección o recreo) que pueden ser diferentes en los paisajes urbanos y entre ciudades (y países). El alcance de la evaluación depende también de la disponibilidad de fondos y tecnologías, además de herramientas de teledetección.

Existen varias formas para realizar una evaluación. Pueden ser “encuestas de parabrisas” sencillas en las cuales se recopilan datos desde un vehículo en movimiento lento, o muestras estadísticas de toda una propiedad forestal urbana utilizando imágenes digitales.

Además de las especies, tamaño y condición de los árboles (p.ej., desde el punto de vista del mantenimiento), los inventarios forestales urbanos deberían incluir evaluaciones del riesgo para la salud y la seguridad humana y de conflictos por la gestión y uso (tales como servicios públicos y aceras). La sanidad de los árboles es un parámetro importante, porque los árboles caídos y en descomposición pueden poner en peligro a las personas de las áreas densamente pobladas, además de la infraestructura urbana. Algunas plagas arbóreas, como la procesionaria del pino, pueden también representar riesgos para la salud y la seguridad humana. Se debería recopilar información sobre la ubicación del árbol, la disponibilidad y la tenencia de la tierra, los recursos hídricos y los viveros existentes.

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Identificar el alcance y las necesidades y establecer prioridades.

Los datos del inventario forestal y otras fuentes (p.ej., planes urbanos y encuestas del impacto social) pueden ayudar a identificar posibles aspectos y futuras exigencias de gestión, sitios de plantación, riesgos relacionados con los árboles, y el potencial de producción de bienes y servicios ecosistémicos. Estos datos son la base para los procesos de establecimiento de prioridades que persiguen un equilibrio apropiado entre los intereses legítimos y los opuestos.

El éxito de la gestión forestal urbana depende del apoyo y participación públicos. Es fundamental, desde el principio, la participación de la comunidad en el establecimiento de prioridades y otros procesos de toma de decisiones. Para ser más eficaz, la planificación de la gestión forestal urbana debería ser aceptada, apoyada y percibida como “propia” por todos aquellos con inquietudes o intereses en los bosques urbanos. Entre otros:

  • Las instancias decisorias – los miembros electos o administradores responsables de las decisiones estratégicas de alto nivel (p.ej., sobre el presupuesto anual) que tienen que ver con los bosques;
    • Los gestores forestales – todos aquellos que participan en la gestión y el mantenimiento de los bosques, tanto actores públicos como privados que trabajan en el bosque y que tienen influencia sobre el acceso, impacto visual y calidad del medioambiente local;
    • Los residentes de la localidad – la gente que utiliza el bosque o que vive en él o en sus alrededores;
    • Los beneficiarios no residentes – individuos, grupos y empresas locales que podrían no tener una relación directa con el bosque, pero que reciben beneficios indirectos de los servicios ecosistémicos que éste produce.
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Elaboración del plan de gestión.

Los planes de gestión para los bosques urbanos pueden tener diferentes escalas (p.ej., local, ciudad, nacional o regional), duración (corto a largo plazo) y tipo (p.ej., maestro o estratégico). Su elaboración requiere datos adecuados sobre la situación inicial, asesoramiento profesional, tiempo, financiación y la colaboración de múltiples partes interesadas. Lo ideal sería que los planes de gestión abarcaran una propiedad forestal urbana completa incluso si (como casi siempre sucede) diferentes segmentos de la propiedad están gestionados por diferentes entes.

 Un plan estándar de gestión forestal urbana incluye secciones sobre lo siguiente:

  • Antecedentes/historia;
    • Situación actual y aspectos de todas las tierras;
    • Análisis del potencial para el desarrollo forestal urbano;
    • Marco administrativo y jurídico;
    • Metas y objetivos SMART (específicos, cuantificables, asequibles, pertinentes y de duración determinada);
    • Análisis de costes y beneficios;
    • Presupuesto;
    • Establecimiento, mantenimiento, protección, eliminación y uso de los árboles;
    • Mantenimiento de las áreas verdes;
    • Actividades de divulgación y educación pública, incluyendo la seguridad;
    • Procesos de participación de la comunidad;
    • Detalles sobre los procesos de refrendo político y toma de decisiones;
    • Plan de trabajo con calendario y personal o puestos responsables.
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Implementación del plan de gestión.

Todos los responsables de la ejecución deberían realizar las acciones especificadas en el plan de gestión de forma oportuna, eficaz y eficiente. Se deberían elaborar planes detallados con plazos, responsabilidades y acciones específicas claramente delineadas.

El enfoque de implementación utilizado es diferente en dependencia de la naturaleza del sistema administrativo y de las normas, del estadio de desarrollo del entorno urbano y del nivel de participación pública. En general se incluyen los siguientes pasos:

  • Clarificación y concertación de acuerdos sobre las respectivas responsabilidades de los entes que gestionan los bosques urbanos;
    • Aprobación de ordenanzas, reglamentos y políticas sobre los árboles;
    • Asignación de los recursos financieros necesarios;
    • Contratación de profesionales para el cuidado de los árboles y planificación de programas de gestión comunitaria;
    • Elaboración de programas de educación pública;
    • Realización de actividades de conformidad con el plan de trabajo detallado.

Monitoreo y evaluación.

Para asegurar la sostenibilidad de los bosques urbanos hay que poner en funcionamiento programas de monitoreo a largo plazo para evaluar los efectos de las intervenciones de gestión y el logro (o no) de los objetivos. Un programa eficaz de monitoreo también produce información que se puede utilizar para adaptar el plan de gestión de conformidad con la experiencia y para informar sobre el desarrollo de futuros planes de gestión.

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Gestión adaptativa: un marco estratégico para la gestión forestal urbana

Los silvicultores urbanos están adoptando cada vez más enfoques de gestión adaptativa. Los árboles son inversiones a largo plazo y el éxito o fracaso raramente sucede en poco tiempo; por ejemplo, los árboles pueden tardar años en responder a factores de estrés o mejoras concebidas para promover su sanidad y longevidad. Por tanto, el mantenimiento de bosques urbanos saludables se debe abordar desde una perspectiva a largo plazo. La gestión adaptativa activa[1] ofrece un marco estratégico adecuado para garantizar bosques urbanos exitosos en el tiempo.

En la Infraestructura Verde, la gestión adaptativa puede reducir la incertidumbre por medio del monitoreo sistemático de los objetivos de gestión y recopilando, analizando y utilizando los datos sobre los bosques para mejorar las acciones de gestión.

Los bosques urbanos son entidades complejas, dinámicas, y los gestores deben adaptar su gestión en virtud de los cambios económicos, sociales y ambientales, mientras tratan de lograr las metas establecidas (o variables). En los planes de gestión adaptativa activa se evalúan los problemas y se diseñan e implementan estrategias para afrontarlos. Los materiales y procesos utilizados y los resultados de las intervenciones se monitorean sistemáticamente y se realizan reajustes al adquirir experiencia y nueva información del monitoreo y evaluación en curso. En la práctica, la gestión adaptativa activa se implementa en general en base a revisiones de los planes de gestión de cinco a 10 años hacia finales del horizonte de planificación; y los períodos subsecuentes de planes de gestión se basan en los resultados de esas revisiones.

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