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Los niños son los garantes del futuro de la Tierra, por eso desde pequeños deben aprender a cuidar la naturaleza. Pero enseñar a respetar la naturaleza no es un tema de sermones. Los valores se aprenden a través del ejemplo y de la experiencia.

El vínculo de los niños (y de los adultos) con la naturaleza, tan antiguo como la existencia del ser humano, lleva largo tiempo desgastado. La hiperconectividad, el tiempo que pasamos frente a una pantalla, una población cada vez más urbanita y una educación ambiental distanciada de su objeto de estudio son algunas de las causas que han originado el llamado déficit por naturaleza, un concepto acuñado por el periodista estadounidense Richard Louv que habla de afecciones físicas y emocionales provocadas por la carencia de interacción con fauna y flora. También de la desaparición de los beneficios que esa conexión conlleva.

«La naturaleza nutre al cerebro de los más fuertes estímulos para favorecer la psicomotricidad: trepar a un árbol, saltar un río, moldear barro…», señala Bruchner. Un conjunto de sensaciones vital para el crecimiento de las criaturas: «El periodo de los cero a los 18 años es fundamental para el desarrollo cognitivo y psicomotriz del ser humano», incide Freire. «No puede estar desposeído de contacto con la naturaleza».

El contacto directo con la naturaleza en la infancia es realmente importante para el desarrollo de la personalidad de los más pequeños y todas las actividades que se realizan en un entorno natural resultan muy estimulantes para ellos. Las experiencias con la naturaleza en la primera infancia aportan además numerosos beneficios; desde respeto por el entorno, hasta el incremento de la actividad física o una mejor salud mental y emocional, todo ese contacto con la naturaleza permite a los más pequeños entender mejor el mundo en el que viven y les rodea.

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Para alentar a los jóvenes a gestionar los recursos del planeta de manera consciente, debemos darles los medios para convertirse en agentes de cambio. Las guías de enseñanza aprendizaje “Descubriendo los bosques” de la FAO forman parte de una iniciativa de la Organización para inspirar e involucrar a los jóvenes –en este caso, de 10 a 13 años de edad–. Se enmarcan bajo el lema “los bosques y la educación”.

Estos módulos exploran el papel de los bosques en el ciclo del agua, revelan su presencia en los medicamentos, alimentos y objetos de la vida cotidiana, y cuestionan la sabiduría recibida sobre la propiedad y la gestión. Las perspectivas, y los puntos de entrada curriculares, van desde lo geográfico hasta lo científico y lo social, y requieren habilidades analíticas, de toma de decisiones, de investigación e interpersonales. Los módulos forman parte de la colección de publicaciones de referencia de la FAO “El estado del mundo”, y el contenido se basa en el informe principal de la FAO sobre los bosques El estado de los bosques del mundo.

El enfoque de aprendizaje es enfáticamente práctico y alienta a los jóvenes a desarrollar sus propias preguntas y caminos para descubrir las respuestas. La guía para profesores es práctica y flexible, diseñada por profesores para profesores. Y aunque la mayoría del aprendizaje está destinado a realizarse al aire libre, la guía de aprendizaje proporciona un libro de ejercicios ilustrado para complementar las actividades de exterior.

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Las guías, producidas en español, francés e inglés y próximamente en chino y mongol, recibieron fondos del proyecto StarTree de la Unión Europea para el módulo sobre productos forestales no madereros. Para participar y ayudarnos a mejorar los módulos, proponer la traducción/adaptación en otro idioma o compartir ideas para nuevos módulos, contáctenos en publications-sales@fao.org.

Otras publicaciones sobre los bosques y la educación:

Insignia de los bosques

The Youth Guide to forests

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